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Nunca me gustó trabajar en grupo, lo reconozco. Recuerdo con horror aquellos murales de las provincias que nos ponían como deberes las monjas en el colegio y aún me indigno al recordar que currábamos dos mientras el resto miraba… También que solía haber alguien que solo daba señales de vida cuando aparecía la sor de turno a valorarnos.
Pero, con el paso de los años, los hechos (y algunos proyectos) han hecho que puntualice.
Aunque sigo aborreciendo el trabajo en grupo, he descubierto el valor, el disfrute, el crecimiento y el orgullo de trabajar en equipo. Porque he descubierto el ingrediente secreto que activa la cooperación y la creatividad.
Al hilo del merecidísimo premio del Día de Internet que recibió el pasado martes el blog Think Big Grandes Empresas en la categoría “Transformación digital, Medios de comunicación”, hoy quiero saltarme un poco la temática y tono habitual para compartir con todos la siguiente reflexión:
¿Qué diferencia a un grupo de un equipo?
Cuando has experimentado una cosa y otra, sabes que la diferencia es abismal.
Hoy escribo yo, pero podría contároslo cualquiera de mis compañeros del blog Think Big Grandes Empresas. Todos ellos, profesionales como la copa de un pino, se han apuntado a este proyecto colaborativo de manera libre, voluntaria y desinteresada, sin importarles hacer un esfuerzo extra en un día a día ya suficientemente complicado.
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Juntos, compartimos conocimientos y experiencia, aprendemos unos de otros, aceptamos retos y estamos abiertos a aprender cosas nuevas para interesaros y emocionaros con nuestras historias de tecnología e innovación. Por lo aquí vivido, podría deciros que estas son las claves de un equipo:
- Un líder facilitador que, lejos de mandar y dirigir, escucha, propone, conecta y pregunta para lograr que los demás saquen lo mejor de sí mismos.
- Mucho trabajo por parte de todos, especialmente de quien propone y facilita la actividad. En este caso, el equipo editorial nos inspira con posibles temas, nos invita a eventos, nos sugiere lecturas, corrige nuestros artículos, nos da visibilidad en las redes sociales… ¿Cómo no dar cuando no paras de recibir?
- Un propósito común. Este -es momento de confesar- surge de la intersección de los objetivos de desarrollo personal de cada uno y del valor para la compañía de tener un escaparate de su talento y hablar de TIC e innovación de forma diferencial.
- Un quid pro quo. A cambio de nuestros posts, además de apoyo editorial y visibilidad, nos llegan atractivas e inesperadas oportunidades. Y, sobre todo, recibimos agradecimiento y reconocimiento por nuestras aportaciones, además de un acompañamiento personalizado para ayudarnos a seguir creciendo.
- Crecimiento personal. Aprendemos, mientras disfrutamos, de los pequeños retos que nos ponen, pero también de las experiencias por las que nos invitan a transitar y del talento del resto de compañeros y las sinergias que surgen de ellos.
- Generosidad. Podría decir que la aportación es desinteresada… o igual no tanto. Porque, como llevo explicado, participar en este blog, con todo lo que nos proporciona, es un lujo.
- Compañerismo. Como sabes lo que cuesta sacar tiempo para tu post, lo sacas de donde sea para difundir el trabajo de tus compañeros y que el esfuerzo se vea recompensado. Es la solidaridad entre iguales. Vas sabiendo qué le interesa a cada uno y no dudas en mandarle la reseña de un informe, el aviso de un evento o facilitarle un contacto que sabes que le van a interesar.
- Orgullo de pertenencia. Compartimos sentido de la responsabilidad por un proyecto con el que nos sentimos identificados. Hay sentimientos cálidos que surgen de la cercanía y admiración por otros compañeros, que a veces se ven como referentes inalcanzables y descubres que reman contigo. Siempre digo que los comités editoriales son el mejor sitio del mundo para conocer a gente interesante.
- Rebeldía. Tenemos ganas de mostrar cómo la tecnología puede hacernos más humanos, facilitarnos la vida y ayudarnos a construir un mundo mejor. Pero también de demostrar a las mentalidades más analógicas de la casa que el interés del cliente y la influencia sobre él no se ganan siempre hablando del libro de uno, sino aportando valor verdadero.
- Y hay testimonio de que ni las herramientas ni “el dinero” garantizan el éxito: son las personas. Todos los blogueros somos testigos de que lo que marca la diferencia y nos hace excepcionales está en el alma de cada uno de nosotros y en la suma de todas ellas.
He ahí el secreto. Ni más ni menos. Casi nada.
En definitiva, un equipo es un pedacito de cielo por el que merece la pena madrugar. Un grupo, algo que puede llegar a ser un infierno. Merece la pena vivir la diferencia.
¡Enhorabuena a todos por este merecido premio!
Y gracias a Mercedes, y a Pilar y Carmen, que han dejado también su impronta, por hacerlo posible.
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